Estoy reciclando a contrareloj un texto para hacer un programa de mano para el concierto de dentro de 9 días en Andújar.
Aprovecho también para guardar por aquí una copia del cartel:
Fantasías y diferencias. Música
para las vihuelas de los siglos XVI y XVII.
La propuesta de este jueves 5 de febrero de 2026, los pondrá a ustedes, en
caso de que nos hagan el grandísimo honor de apoyar nuestro trabajo con su
asistencia, ante lo que se suele llamar un concierto de Música Antigua: música
de antes del periodo Clásico, un periodo este último cuyo estilo y
planteamiento ideológico ha influido en nuestra idea de la Música desde finales
del s.XVIII hasta la actualidad.
En esta ocasión, las piezas nos llegarán de un poco antes, a partir de
libros de música impresos en 1554 y 1694. Quizá podría decirse que el evento es
de “interpretación históricamente informada” de música de los siglos XVI y
XVII. El acto, además, anticipa el mismo programa que se presentará para la
Sociedad Española de la Guitarra el próximo día 15 de febrero en el
conservatorio superior de Madrid.
Dicho esto, me gustaría tomar ciertas precauciones sobre la interpretación
musical de materiales históricos. Existen numerosos argumentos que indican que
nuestra actual forma de entender lo que podríamos llamar manifestaciones
artísticas (pintura, escultura, literatura, arquitectura, música), ha cambiado
a través de los siglos.
La influencia de estos cambios de concepto es aún más problemática en el caso
de la Música, y en especial de la Música Antigua, siendo un arte que necesita
de la recreación que supone cada nueva interpretación del repertorio escrito
conservado, que tiene orígenes muy distantes en el Tiempo.
El mismo hecho de referirse al repertorio del pasado a la hora de organizar
interpretaciones en público en el contexto que hoy entendemos por concierto,
es, en sí mismo, un fenómeno musical relativamente reciente, que podría
resultar bastante ajeno a las situaciones históricas de escucha de la música o
a la función de ésta. Si nos referimos a la música de los siglos XVI y XVII,
caben pocas dudas de que dichos cambios de función del hecho sonoro y de
apreciación de la obra artística, llevarían a interpretaciones en escenarios
bien distintos a los actuales.
Así los músicos que
nos acercamos a esta interpretación de lo pasado, estaremos siempre ante un
dilema de solución imposible. Traer la música de vuelta al presente conlleva un
proceso de formación y revisión continua que debería llevarnos en cada momento
a nuestra “mejor aproximación”. Pensar así, nos libera de la tremenda
responsabilidad que conlleva intentar reproducir con una completa fidelidad lo
que suponemos que ocurriría en el pasado.
El repertorio que queremos proponerles en esta sesión puede verse como un
pequeño vistazo a ese pasado, con todas las precauciones derivadas de lo que
veníamos leyendo. Los instrumentos utilizados son las mejores aproximaciones
con las que actualmente podemos contar para acercarnos allí; y la
interpretación espero que pueda aportar la mejor lectura de los textos
musicales, la mejor aproximación a su realidad sonora… una realidad presentada
en la nuestra: en nuestro mejor trabajo de aproximación como audiencia, que
completa el ciclo necesario para revivir el hecho musical.
Resumiendo… sin intérprete, no hay música (es una obviedad)… pero el
intérprete “contamina” necesariamente ese supuesto objeto artístico histórico…
y sin la audiencia y sus propias condiciones, tampoco hay música. Están ustedes
aportando su mejor aproximación a la recuperación histórica de nuestro
patrimonio musical.
Volviendo al repertorio de este concierto, asumimos ya que la
interpretación de la Música Antigua puede tener muchas trazas de nuestra
apreciación romántica, modernista o post-moderna. Y abrazamos ya sin vergüenza,
que con las fantasías y las diferencias nos encontramos ante dos ilustres
precedentes de un concepto que hemos preservado con mayor o menor conciencia
desde el s.XIX: el de la obra musical como objeto artístico.
El vihuelista Miguel de
Fuenllana (activo entre 1553 y 1578) y el guitarrista Francisco Guerau
(1649-1722) constan en el imaginario moderno como dos grandes nombres en el
extenso pasado del instrumento. Sin embargo, paradójicamente, podría decirse que el acceso
a las realizaciones de la música de ambos autores
todavía es bastante restringido. Esto, por supuesto, afecta a la borrosa
valoración de su legado.
Aunque la obra para guitarra barroca de Guerau ha sido completa y
excelentemente registrada por las más grandes figuras actuales del instrumento,
su presencia en los programas de concierto es escasa si la comparamos con la de
Gaspar Sanz o Santiago de Murcia. Así, al incluir aquí estas variaciones para
guitarra barroca sobre distintos bajos de danza, no sólo se da relevo a la
música de vihuela, caracterizada quizá por un cierto sesgo de representación
que excluye piezas más populares y extrovertidas; también se contribuye
humildemente a la causa.
En cuanto a la producción de Fuenllana para vihuela sola, el trabajo por
hacer es aún mayor. Ha transcurrido un tiempo más que prudencial desde el
inicio de la recuperación histórica de la vihuela (que podemos situar sin
pillarnos los dedos en la primera mitad del siglo pasado); y con honrosas pero
puntuales excepciones, la falta de atención a este maestro del s.XVI por parte
de guitarristas (y aún de vihuelistas) es flagrante.
PS.- El concierto se aplazó por cuestiones meteorológicas al jueves siguiente, día 12 de febrero
PSS.- Aquí unas grabaciones de parte de lo que se tocó


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